CARTA ABIERTA A JULIO TERRAZAS, OBISPO Y CARDENAL DE LA IGLESIA CATOLICA BOLIVIANA

 Seguido de : « ¿A quienes defiende el Cardenal de Bolivia Julio Terrazas? » – .Jubenal Quispe

Antiguo amigo Julio, hoy cardenal de nuestra Iglesia: Somos muchos los que estamos consternados ­­‑‑y no pocos directamente indignados‑‑ con tus recientes palabras que ponen en duda la existencia de haciendas esclavistas en este país nuestro todavía tan lleno de lacras e injusticia. Por supuesto tienes el derecho ‑‑y la obligación‑‑ de buscar información fidedigna sobre esa desgracia. Lo triste es que lo dices como quien afirma que no existe ese tipo de explotación, como quien acusa de difamadores y abusivos a los que denuncian tamaña injusticia. 

¿De verdad nunca has visto de cerca a esos hermanos y hermanas nuestras que ocupan el más bajo nivel de la sociedad boliviana, ya de por sí harto injusta? ¿No son acaso los más pequeños de los más pequeños, es decir los predilectos de Jesús de Nazaret, y por tanto los que debieran ser la principal preocupación de nuestros pastores? ¿No sería de esperar de un obispo católico que fuera el primero en denunciar ese hecho, en lugar de pedir pruebas del mismo? ¿Dónde estabas, Julio, cuando la Iglesia publicó la Carta Pastoral sobre la Tierra, allá en el año 2000? ¿Podrías tomarte la molestia de releerla y comprobar lo que ustedes dijeron en esa carta? Ahí hablan de “formas de esclavitud disfrazadas”, de modo que no puedes decir que en tu última homilía te referías a la esclavitud como modo de producción al estilo de la Roma antigua (o de la Europa cristiana y colonial no tan antigua), con cadenas y subastas de esclavos; fueron ustedes los obispos quienes calificaron de esclavitud disfrazada lo que sigue ocurriendo en nuestro país con las llamadas “comunidades cautivas”. ¿Qué es si no ese régimen de hacienda con trabajos duros y prolongados (incluso para niños) a cambio de comidita? ¿Y ese sistema criminal de amarrar a la gente con endeudamientos impagables? ¿Cómo te explicas la impunidad con que esos hacendados (probablemente católicos) se permiten castigar físicamente, y hasta matar a sus peones rebeldes sin que nunca pase nada? ¿Por qué no le pides al Defensor del Pueblo de Chuquisaca el video sobre el asesinato del guaraní Miguel Cruz en la hacienda de los López en Huacareta? ¿Por qué no pides información a los varios sacerdotes que sí son solidarios con las comunidades cautivas y que podrían darte datos y datos hasta hacerte llorar? 

¿No lees los documentos de Naciones Unidas que afirman lo que tú pretendes negar? ¿O es que para ti la ONU es también un nido de agitadores inescrupulosos que se empeñan en dejar mal a algunos de tus parroquianos del Oriente? ¿Es posible que tu nivel jerárquico te haya alejado tanto de los pobres a quienes de joven defendías, hasta el extremo de poner en duda lo que sólo los hacendados esclavistas se atreven a negar? ¿Te imaginas a Jesús de Nazaret pidiendo pruebas de la existencia de injusticias sociales? ¿Cuál es el Señor en que ahora crees, Julio, Cardenal Terrazas? ¿A dónde se fue aquel cura vallegrandino que defendía a los pobres y que era acusado de “comunista” por los golpistas de los años setenta? ¿Qué vas a alegar en el Juicio Final cuando el Padre te pida cuentas por no haber estado con los pobres, los hambrientos, los enfermos, los inmigrantes y los nuevos esclavos de tu pueblo? ¿O será que ya no crees ni el Juicio Final, ni el Padre de Jesús? 

Con mucha pena, pero todavía con la esperanza de que vuelvas a ser el Julio de hace cuarenta años, te saludo y te convoco a que nos mires de frente… 

Rafael Puente Calvo 

 

(15 de abril de 2008)

 

Miguel Romero Cartagena

 

¿A quienes defiende el Cardenal de Bolivia Julio Terrazas?. 

El Cardenal Julio Terrazas, con su homilía del pasado domingo, ha degradado, aún más, el ‘equilibrio’ político que la cúpula católica ha intentado mantener en los últimos tiempos de cambio en Bolivia. ¿Cómo se atreve a decir que no hay esclavi-tud agraria en Bolivia? ¿Cómo decir que cuantos denuncian la esclavitud actual en Bolivia ensucian nuestras mentes? O sea que ¿los documentos oficiales de la Conferencia Episcopal Boliviana mienten? 

 

La Carta Pastoral de los Obispos de Bolivia ‘Tierra, Madre Fecunda para Todos’, 2000, dice: ‘No podemos olvidar a los trabajadores de la Amazonia, en las barracas gomeras y castañeras del extremo norte del país. Tradicionalmente han estado sometidos a sistemas arcaicos y abusivos de ‘empatronamiento’, a un régimen de ‘habilito’ y endeudamiento permanente, real o ficticio, y a explotaciones adiciona-les, por ejemplo en el precio que los patrones y los ‘comerciantes’ que recorren los ríos les fijan para los artículos de primera necesidad. Son formas disfrazadas de esclavitud. Desde 1985, en que sobrevino la crisis de la goma, el régimen patronal de barraca se ha debilitado pero la situación general de estos trabajadores también se ha agravado pues ahora sólo tienen ingresos una vez al año con la zafra de la castaña’ (n° 36) 

 

¿Será que el pastor no conoce las inmensas estancias ganaderas del Chaco boli-viano en las que nuestros hermanos/as son convertidos en animales transferibles por los ahora terratenientes autonomistas? ¿Será que ni él lee los documentos oficiales de la Iglesia Católica? ¡Si los mismos párrocos del lugar están denuncian-do, ahora más que nunca, que los terratenientes son lobos vestidos de cordero que matan en el cautiverio a los guaraníes! Todos cuantos no somos terratenientes y tuvimos la oportunidad de conocer a la Bolivia profunda sabemos que la lacra de la esclavitud agropecuaria carcome, para vergüenza nuestra, el ‘modernismo’ Bolivia-no ¿Qué intereses predica y defiende el Cardenal? 

 

La revelación del Cardenal de Bolivia no es más que la manifestación de las opciones y posiciones encontradas que subyacen en la ‘unidad’ de la jerarquía católica. Unos, que con sus actos u omisiones, viven la opción preferencial por los ricos. Otros, que dicen optar por los pobres, pero viven como y con los ricos. Final-mente, unos pocos que asumen la causa de los empobrecidos, incluso con su testi-monio de vida. Lo malo es que son los del primer y segundo grupo quienes mono-polizan la voz oficial de la jerarquía católica boliviana, no pocas veces, engatusados por los ‘intelectuales’ y por los promotores del neoliberalismo… 

 

Hasta antes de la elección de Evo Morales como Presidente, la jerarquía católica ‘cogobernaba’ en Bolivia. En algunas circunstancias políticas ‘difíciles’ se constituía de facto en un súper poder para rescatar a los gobiernos del asedio de los movi-mientos sociales. Pero, en enero del 2005, (la apoteósica ceremonia de la toma de mando del Presidente Indígena) simbólicamente los ritos espirituales indígena ‘cris-tianos’ tomaron el lugar que ocupaba en el Palacio de Gobierno el rito católico ofi-cial que hasta entonces había legitimado a dictadores y gobiernos neoliberales. Este simbolismo fue capitalizado por los financiadores y promotores de la falsa cruzada seudo católica en contra del fantasma del comunismo ateo de Evo Morales. Inicia-ron defendiendo la confesionalidad católica del Estado boliviano, luego la permanen-cia del monopolio católico en la educación religiosa, siguió la resistencia a los dere-chos sexuales y reproductivos, el redoble de las campanas católicas en Sucre que convocó a la resistencia violenta en contra de la Asamblea Constituyente y ahora la homilía del Cardenal. En varias de estas circunstancias se impuso la racionalidad. 

 

Pero el contraataque del Cardenal, en su última homilía, parece que no fue nin-guna ingenuidad de un clero intelectualmente envejecido. La clase política corrupta, expulsada por el voto popular del gobierno central, se ha parapetado en las cabece-ras departamentales del Oriente boliviano para derrocar a un gobierno democrático que por vez primera no se somete a sus intereses egoístas. Para ello se han valido de todos instrumentos habidos y por haber. Recurrieron a la falacia del comunismo para movilizar la sensibilidad colectiva en las calles. Hace sólo unos meses atrás estudiantes, padre de familia, curas, monjas y pastores desfilaron por las calles para la guerra santa que nunca hubo. Ahora, los intereses inmorales de los terrate-nientes y ganaderos, quienes persiguen con perros y pistola en mano a los del INRA e indígenas guaraníes en el monte, resuenan en la homilía del Príncipe de la Iglesia Católica. ¿Qué pasa en Bolivia que hasta el Cardenal se hace al tonto útil de los terratenientes xenófobos? ¿Beneficia en algo a la Iglesia Católica esconder la cruda y dura realidad de nuestros hermanos/as originarios en situación de esclavi-tud en Bolivia? 

Frente a esta situación, todos los ciudadanos de buena fe, incluido católicos, que conocemos medianamente la realidad de nuestro país, debemos sentir indignación no sólo por la mala fe manipuladora de los ricos en defensa de sus privilegios, sino también porque un sector de la jerarquía católica se deja manipular con placer por cuantos se siente amenazados por la Verdad del Evangelio. 

Estas circunstancias reiteradas hacen que algunos bolivianos nos avergoncemos de ser católicos y renovemos nuestro compromiso con quienes más nos necesitan… 

Jubenal Quispe  mi_llacta@yahoo.es 

 

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